¿Estás descansando o sólo has dejado de hacer cosas?

Es posible que el día libre que te has dedicado a descansar te notes más cansadx. Esto quiere decir que estabas agotadx y que tu cuerpo no necesitaba solo descansar sino parar.

Estamos constantemente con la presión del rendimiento y de la productividad, que nos mantiene en un estado de alerta cognitivo y sensación de estrés continua. Básicamente es como que nuestro cuerpo y nuestra mente están en una cinta de correr que cada vez sube de velocidad y no alcanzamos el botón de stop. Cuando finalmente paramos, sentimos que nuestro cuerpo deja de hacer cosas pero no nuestra mente, y a esto no le podemos llamar descanso.

Descansar no es sinónimo de no hacer nada, ya que incluso sin hacer nada ya estás haciendo algo. Descansar significa hacer algo que le devuelva la energía a tu cuerpo y a tu mente.

Diferencia entre descansar y dejar de hacer cosas

Cuando descansamos implica una intención consciente de hacer algo que nos saque de aquella presión y que permite a la mente conectar con un distractor placentero ya sea social, físico u emocional. Buscamos actividades alternativas y nos alejamos de los estímulos estresantes ya sean conflictos sociales o familiares, laborales o preocupaciones.

Dejar de hacer cosas es crear un estado de desconexión pasiva o incluso evitación, que temporalmente nos genera placer, pero con el tiempo la mente se acomoda y puede convertirse en conductas de procrastinación. Esto es común cuando scrolleamos con el móvil viendo TikTok o Instagram o nos ponemos excusas para evitar algo que no nos gusta.

¿Por qué nos cuesta tanto descansar?

Generalmente partimos de una educación donde la productividad se premia con lo que la sensación de no hacer nada o de “perder el tiempo descansando” suele estar relacionada con la culpa productiva, la fatiga mental o la falta de autocuidado.

Culpa productiva: Sensación asociada a perder el tiempo cuando no estás ejecutando la tarea o el trabajo encomendado. En ocasiones también puede estar relacionado con tareas del hogar o cuidar a los demás.

Fatiga mental: Pensamientos continuados de planificación o anticipación en los momentos en los que hemos dejado de hacer una tarea que provocan sensación de estrés, agotamiento o incluso insomnio.

Ausencia de autocuidado: Falta de atención a las necesidades personales que son beneficiosas para la salud física, mental o el tiempo de calidad.

¿Cómo sé si estoy descansando realmente?

“El descanso no se mide en horas, sino en calidad de presencia.”

Cuando realmente estamos descansando le acompaña un sensación de mente despejada y el cuerpo con menos tensión. La sensación de sentirte productivo sin haber hecho un exceso de tareas. Aprendemos a minimizar los pensamientos intrusivos de culpa y tu estado de ánimo se siente en bienestar.

Cuando dejamos de hacer cosas no dejas de darle vueltas a los temas pendientes y te acompaña la culpa. Al final del día te sientes incluso más cansado y te preguntas ¿Pero cómo puede ser si no he hecho nada?

Una forma de diferenciar si estás descansando o dejando de hacer algo es preguntarte “¿Esto me da energía o me distrae?”

Estrategias para descansar de verdad

Programa tus pausas.
No esperes al agotamiento. Incluye descansos breves cada hora y micro-descansos entre tareas.

Descansa con intención.
Elige conscientemente una actividad que te haga sentir bien, no solo algo que te distraiga.

Practica el descanso activo.
Ejemplo: yoga, caminar sin auriculares, dibujar, cocinar.

Deja de luchar contra la culpa.
Recuerda: descansar también es productividad emocional.

Cuida tu entorno.
Crea un espacio y momento libre de pantallas, notificaciones o pendientes.

Aitana Tresáncoras – Psicóloga Sanitaria